Según las últimas informaciones, la próxima generación comenzará a fabricarse en China en 2028 mediante la alianza estratégica FAW-Toyota y estará concebida para ofrecer versiones de gasolina, híbridas y 100% eléctricas. El cambio es especialmente significativo para un modelo que lleva seis décadas asociado a motores térmicos e híbridos y del que ya se han vendido decenas de millones de unidades.
La nueva arquitectura permitiría adaptarse a diferentes sistemas de propulsión dependiendo del país y de la demanda: motores de combustión, híbridos (HEV y PHEV) y eléctricos de batería (BEV), entre otras posibles variantes.
Para China, donde el vehículo eléctrico avanza mucho más rápido que en numerosos mercados occidentales, disponer de un Corolla completamente eléctrico permitiría a Toyota competir con una oferta local dominada cada vez más por BYD, Geely y otros fabricantes nacionales.
Fabricarlo allí también puede ayudarle a reducir costos y acelerar el desarrollo, dos aspectos en los que los fabricantes chinos están presionando con especial intensidad a las compañías japonesas.
La importancia industrial es enorme. El Toyota Corolla apareció por primera vez en 1966 y Toyota había contabilizado ya 55,46 millones de unidades acumuladas hasta finales de 2024. Las informaciones actuales sitúan esa cifra por encima de los 57 millones.
Convertir un producto de ese volumen en una familia que incluya por primera vez un eléctrico puro sería, por tanto, mucho más significativo que lanzar otro coche eléctricos (BEV) independiente.
La dirección resulta clara: Toyota no abandona el híbrido que ha definido al Corolla durante años, aunque prepara el modelo para un mercado en el que también tendrá que competir sin motor de combustión.
Héctor Daniel Oudkerk



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