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miércoles, 24 de junio de 2026

Tecnología / Shell pretende revolucionar los vehículos eléctricos EV con sus baterías de inmersión líquida.

Shell ha decidido entrar en el mundo de los vehículos eléctricos desarrollando un prototipo en colaboración con la empresa inglesa RML. Se trata del Triple10 Challenge, un automóvil compacto eléctrico que anticipa soluciones técnicas innovadoras y eficientes. El objetivo del proyecto es el desarrollo de un nuevo sistema de refrigeración del tren motriz.

La participación de Shell se centra principalmente en el desarrollo y la industrialización del fluido térmico.

El Triple10 es un automóvil de cinco puertas desarrollado con tres objetivos principales, de ahí su nombre: un consumo promedio de combustible de 10 km/kWh, un tiempo de carga de 10 minutos y una huella de carbono total de 10 toneladas durante su ciclo de vida. Utiliza un chasis de aluminio reciclado, mientras que el techo y las ruedas están fabricados con fibra de carbono reciclada.

No se proporcionaron datos de potencia, torque ni autonomía, lo que confirma aún más el carácter principalmente experimental del proyecto.

El núcleo del proyecto es un sistema de baterías con celdas cilíndricas sumergidas en un líquido no conductor, desarrollado por Shell. Este enfoque, denominado refrigeración por inmersión, coloca el fluido en contacto directo con las baterías, mejorando la gestión térmica.

En comparación con los sistemas tradicionales, en los que el líquido circula por conductos separados, esta solución busca uniformizar la temperatura de la celda y gestionar mejor las fases más críticas, como la carga de alta potencia o la recuperación de energía.

En el caso de la Triple10, la batería tiene una capacidad neta de 32 kWh y puede cargarse a 175 kW, con un ciclo de carga rápido del 10 al 80 % en 10 minutos. Cabe destacar que estos datos son experimentales.

Otro aspecto distintivo es el uso del mismo fluido para las baterías, el motor y la electrónica de a bordo. Esta elección busca simplificar la arquitectura general, reduciendo componentes y masa.

Las baterías elevan la temperatura del líquido a aproximadamente 50 grados Celsius, una temperatura suficiente para refrigerar los componentes que operan a temperaturas más elevadas. Otra ventaja reside en el mantenimiento: las celdas son más accesibles, ya que no están recubiertas de materiales térmicos estructurales.

La refrigeración por inmersión se considera uno de los avances más interesantes para los vehículos eléctricos del futuro, especialmente de cara a una carga cada vez más rápida. Sin embargo, requiere un rediseño profundo de las baterías y los procesos de fabricación.

Por este motivo, a pesar de los experimentos que ya realizan varios actores del sector, todavía se trata de una tecnología en fase de desarrollo y su industrialización no es inminente.

Héctor Daniel Oudkerk