La participación de Shell se centra principalmente en el desarrollo y la industrialización del fluido térmico.
No se proporcionaron datos de potencia, torque ni autonomía, lo que confirma aún más el carácter principalmente experimental del proyecto.
En el caso de la Triple10, la batería tiene una capacidad neta de 32 kWh y puede cargarse a 175 kW, con un ciclo de carga rápido del 10 al 80 % en 10 minutos. Cabe destacar que estos datos son experimentales.
Otro aspecto distintivo es el uso del mismo fluido para las baterías, el motor y la electrónica de a bordo. Esta elección busca simplificar la arquitectura general, reduciendo componentes y masa.
Las baterías elevan la temperatura del líquido a aproximadamente 50 grados Celsius, una temperatura suficiente para refrigerar los componentes que operan a temperaturas más elevadas. Otra ventaja reside en el mantenimiento: las celdas son más accesibles, ya que no están recubiertas de materiales térmicos estructurales.
La refrigeración por inmersión se considera uno de los avances más interesantes para los vehículos eléctricos del futuro, especialmente de cara a una carga cada vez más rápida. Sin embargo, requiere un rediseño profundo de las baterías y los procesos de fabricación.
Por este motivo, a pesar de los experimentos que ya realizan varios actores del sector, todavía se trata de una tecnología en fase de desarrollo y su industrialización no es inminente.
Héctor Daniel Oudkerk



