La marca lo resume con una frase que define perfectamente el proyecto: “ser ante todo un Range Rover y, en segundo lugar, eléctrico”.
Desde 1970, Range Rover ha construido una identidad muy concreta. Lujo, capacidad todoterreno, confort y una forma muy particular de entender el automóvil. Con el paso de los años se ha convertido en mucho más que un vehículo capaz de desenvolverse fuera del asfalto: es uno de los grandes iconos del automóvil británico.
Previsto para su fabricación en Solihull, la sede de la marca desde 1970, el vehículo tiene un precio alucinante, comenzando en £154,070 (208.636 u$s).

Supone un hito de cambio respecto a los coches propulsados por combustibles fósiles para Jaguar Land Rover (JLR), que pertenece a la india Tata Motors pero que tiene su sede en Coventry, Reino Unido.
JLR afirmó que había dado formación extra a 10.500 empleados que trabajaban en el proyecto y que el coche había pasado pruebas equivalentes a 38 viajes alrededor del mundo, más que cualquier otro Range Rover.
Cada eje cuenta con su propio motor y el sistema Intelligent Driveline Dynamics puede distribuir el par trasero desde el 100 % hasta el 0 % para evitar pérdidas de tracción. A esto se suma el Integrated Traction Management, capaz de controlar la velocidad de los motores y gestionar el deslizamiento en apenas 50 milisegundos.
Lo más interesante es que todo esto no ha obligado a cambiar radicalmente su personalidad. De hecho, a simple vista sigue siendo el mismo coche de siempre.
Es una evolución muy al estilo Range Rover: cambiar mucho sin que aparentemente cambie demasiado. Y personalmente creo que es uno de sus mayores aciertos, porque cambiar este coche radicalmente a nivel de diseño hubiese sido un craso error.
El servicio de encargo personalizado de Range Rover permite a los compradores una "elección extendida de colores y acabados de pintura casi ilimitados, materiales elevados, combinaciones de colores a medida y detalles de personalización, incluyendo bordados únicos".
Martin Limpert, director general de Range Rover, afirmó que el vehículo era el producto final de una "década de desarrollo de ingeniería y tecnológico reflexivo".
La producción en Solihull contará con el apoyo del centro de fabricación de propulsión del fabricante, en Wolverhampton, que fabrica paquetes de baterías y unidades eléctricas de propulsión, así como motores tradicionales de combustión interna.
Héctor Daniel Oudkerk











































