En cuanto a cifras de ventas, el Civic sigue siendo un competidor menor en el mercado europeo. Y es injusto: sigue siendo uno de los sedanes más agradables de conducir. ¿Será suficiente la actualización de su año de modelo para corregir esta anomalía?
Los automóviles familiares capaces de satisfacer las necesidades diarias y, al mismo tiempo, tener una buena experiencia de conducción, hasta el punto de que ponerse al volante es un auténtico placer, son cada vez más escasos. El Civic es uno de los mejores representantes de esta especie, ahora en peligro de extinción. Para 2026, vuelve a intentar llamar la atención con algunas actualizaciones estéticas.
Dirección, frenos, transmisión, acelerador… todo contribuye a una experiencia de conducción verdaderamente placentera, sin sacrificar la comodidad. El Civic también conserva, con sabiduría, numerosos botones físicos para funciones esenciales, en lugar de depender únicamente de pantallas. Prueba de que, a veces, lo antiguo resulta más satisfactorio que lo nuevo.
En carretera, el rendimiento dinámico es prácticamente impecable. El tren delantero, notablemente preciso, entra en las curvas con una determinación excepcional, respaldado por una dirección precisa y perfectamente comunicativa. Honda ha encontrado una configuración de suspensión particularmente acertada: lo suficientemente firme como para garantizar un excelente control de la carrocería durante una conducción enérgica, pero lo suficientemente dócil como para absorber con suavidad las imperfecciones de la carretera en la conducción diaria.
La transmisión es electrónica, sin marchas convencionales, pero con una simulación de hasta siete relaciones para aportar una respuesta más natural en aceleraciones.
Esta actualización no transforma el Civic; lo perfecciona. Honda ofrece un sedán para quienes aún consideran la conducción un placer... y no una simple tarea.
Héctor Daniel Oudkerk




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